No es nada original empezar un texto narrativo con una definición de una palabra. No, no lo es. Pero ¿a qué hemos venido?
La RAE define la palabra interpretar como:
1. tr. Explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un texto. 2. tr. Traducir algo de una lengua a otra, sobre todo cuando se hace oralmente. 3. tr. Explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos. 4. tr. Concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad. 5. tr. Representar una obra teatral, cinematográfica, etc. 6. tr. Ejecutar una pieza musical mediante canto o instrumentos. 7. tr. Ejecutar un baile con propósito artístico y siguiendo pautas coreográficas. 8. tr. Der. Determinar el significado y alcance de las normas jurídicas.
Si en lugar de interpretar, se busca la palabra traducir, las definiciones son las siguientes: 1. tr. Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra. 2. tr. Convertir, mudar, trocar. 3. tr. Explicar, interpretar.
Así se cierra el círculo. Volviendo a la palabra interpretar.
Por poco original que sea buscar definiciones para empezar una narración, creo que esta especie de paradoja a la que encaminan estas palabras es un buen ejemplo para definirme.
Soy licenciada en traducción e interpretación. Estudié esa carrera para darle una utilidad al conocimiento de idiomas que la vida me había deparado. He trabajado como traductora, aunque solo en momentos puntuales. La inestabilidad de cualquier inicio ha acabado haciendo que me fuera por otros derroteros. En varias ocasiones.
Es curioso que me haya venido a la cabeza la palabra derroteros para contar todo esto. Me suena tan parecida a “derrota” que ¿no podía ser otra? Posiblemente no. Tengo la sensación de haberme adentrado en tantos caminos, que no he llegado a recorrer ninguno de verdad, sino que tras recorrer unos pocos kilómetros de cada uno me he dado media vuelta y me he ido a curiosear las características del recorrido de al lado.
Uno de esos caminos alternativos en los que me he adentrado ha sido el del arte dramático. Vaya diferencia, ¿verdad? Pues lo que podría ser un camino totalmente distinto me lleva de vuelta a una de las acepciones de la palabra interpretar. Véase la número 5 de acuerdo a la página web de la RAE: “5. tr. Representar una obra teatral, cinematográfica, etc.”
El título de mi licenciatura ha dado lugar a más de una confusión con respecto a lo que siginifica ser intérprete (estoy segura de que mis compañeros y compañeras podrían contar más de una anécdota, a lo que animo a todo el que quiera hacerlo). Mucha gente desconoce cuál es exactamente la diferencia entre traducir e intepretar, porque la palabra interpretar únicamente la tienen relacionada con la actuación dramática y entienden que la traducción es todo lo que tenga que ver con cambiar un texto de un idioma a otro. Para quien se encuentre en ese caso, digamos que en el mundo de la traducción, la interpretación de idiomas está más relacionada con la traducción oral.
Según termino de escribir el párrafo anterior, me surge una pausa dramática. Mi mente intentando definir todo eso me lleva a un camino en el que las diferencias entre una interpretación y otra se disipan entre sus similitudes. De repente me imagino, como si de una escena teatral se tratara, a alguien que intenta traducir la palabra derrotero de mi texto. ¿En cuántos idiomas existirá una palabra que siginifique lo mismo que derroteros y también suene tan parecida a derrota?
(Nueva pausa dramática).
Aquí dejo mi texto y con él la duda de saber en qué se transformará: si alguien lo leerá dándole una intención que yo no pude imaginar; si alguien se lo aprenderá y lo contará como si fuera suyo; si alguien lo leerá en voz alta con entonación de derrota; o si se traducirá a un idioma en el que derrotero suene a victoria…
En otra pausa dramática miro a vista de pájaro mis caminos recorridos. Tienen forma de estrella, uniéndose en un centro al que vuelvo de forma irremediable.
Aquí estoy de nuevo, perfectamente equipada para echar a andar y buscar intersecciones.
Porque ¿a qué hemos venido?